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lunes, 23 de junio de 2014

Celaya, de ópera

Ensayo de la bendición del Templo del Carmen de Tresguerras

*Lo que pasa en Celaya, se debe al Conservatorio y a sus jóvenes*"Nuestro Tresguerras”, una recreación épica de un pasaje histórico*La obra, vista a través de sus creadores, directores y promotores

A. Pérez

Mañana se estrena la ópera “Nuestro Tresguerras”, hecho histórico que encumbra a la ciudad en lo más alto de la creación artística y cultural. Es de vanguardia.
Lo que pasa en Celaya no se ve en ninguna otra parte del país. Todo ha sido posible por la existencia del Conservatorio de Música y Artes de Celaya, que empieza a vivir sus mejores momentos, sumando la voluntad de la sociedad y de las autoridades.
Protagonistas, actores, músicos, creadores, directores y promotores del proyecto de la ópera, coinciden en conceder al destino la conjunción de personajes y circunstancias históricas para que este hecho se diera; hay un nuevo despertar cultural en la ciudad, exigido por la juventud, ávida de nuevas formas de expresión y de un imperativo existencial de forjar su futuro.
Sin embargo, no todo se debe al azar o a la aventura de un lunático que se atrevió a soñar, desde el refugio de una vida clerical tranquila, en una escuela de música para la formación de los jóvenes de Celaya. Como él, cada persona involucrada tiene su propia historia, sus propios tiempos y sus propias ilusiones, pero el compás de la aventura hizo que armonizaran para dar vida a personajes de la historia, en una ópera que significará a Celaya por ser la primera y por rendir un homenaje a un ilustre de esta tierra.

EXPERIENCIAS Y VIVENCIAS TRAS LA ÓPERA
Protagonistas del proyecto y de la ópera a Tresguerras
Cuenta Guillermo Diego, compositor mexicano de música de concierto, que lo que pasa en Celaya, no pasa en otra parte de México. Les explicaba a sus interlocutores de la capital del país que, esto es posible, porque aquí existe un Conservatorio de música de alto nivel profesional. “Y a la juventud de sus estudiantes”, destaca Cecy Zárate. A esta expresión siguió un “pavoneo vanidoso” de dos los integrantes del Conservatorio que estaban en la plática. “De las escuelas de música del país, en este momento, sólo dos o tres superan a la de Celaya, la de México y la de Xalapa, principalmente, reconoció el padre Alejandro Montes. Dando la última pincelada al cuadro, Gustavo Rébora aseveró que el Conservatorio pasa por un buen momento, por su apertura a la sociedad.
Jesús Palato en el papel de Tresguerras
Esto explica, en parte, el nacimiento de la primera ópera “Nuestro Tresguerras”, creada, compuesta y producida en Celaya. Es una ópera hecha a la medida de algunos de los actores, explica la directora general de la obra, Aurora Cárdenas:
“El compositor Guillermo Diego venía al Conservatorio, escuchaba el timbre de voz de cada actor y así le ponía música a lo que iban a cantar y a actuar. Es un traje a la medida para los personajes más importantes, como Tresguerras, personificado por el tenor Jesús Palato; Albino García, por el tenor Fabián Rodríguez; Hidalgo, por el barítono Jorge Rubalcaba; Allende, por el barítono Rafael Velázquez; y la mamá de Albino García, por la soprano Nery Ramírez”.
El libreto se tuvo que corregir en algunas de sus partes durante los ensayos, de acuerdo con su autor Gustavo Rébora, ya sea para ajustarlo al intérprete o a diversas circunstancias de actuación.
El libreto surgió de una selectiva investigación de Gustavo Rébora sobre hechos no documentados, pero conocidos o poco conocidos, de los personajes que intervienen en la trama, para ajustarse a la realidad, aunque en la recreación de algunos pasajes lleva su dosis de ficción. A esta investigación contribuyó, de manera especial, el director del Museo de Celaya, Rafael Soldara.
El compositor, también se tuvo que adaptar a la idea del autor, como lo narra el mismo Guillermo Diego: “Una vez llegó Gustavo y me dijo: quiero una música vibrante, que motive, para este himno”. Se trata del “Himno a la Libertad”.
Le llevó días, ensayo tras ensayo, desechando varios papeles. En una ocasión salió de viaje al norte del país, iban manejando por la carretera de San Luis Potosí, ahí por Matehuala le vino la inspiración, se orilló en aquel camino, sacó su libreta y escribió las primeras notas del himno que hoy se escucha vibrante, motivador y hace que se enchine la piel.
Javier Ríos y Héctor Miranda
Para buscar a los personajes que representarán a los hermanos García, Albino y Francisco, en su infancia, el Conservatorio lanzó una convocatoria y se escogieron a dos niños con voz muy agradable, pero sólo uno iba a cantar y no sabían a quién elegir. Guillermo Diego viendo este apuro, dijo: “que canten los dos”. En ese momento se puso a componer lo que va a cantar el otro. Hoy es una de las partes que van a llamar la atención del público. Los niños son Javier Ríos y Héctor Miranda, uno de familia de músicos y el otro sin ningún antecedente de artista. “No son alumnos del Conservatorio, pero ya se inscribieron para entrar el próximo semestre”, comentó Aurora Cárdenas.
El padre Alejandro Montes sacó a relucir la Canción de Cuna. Expresó, hasta con ademanes emotivos, la ternura que le causa escucharla. Es una canción escrita en purépecha. Cuando se la entregaron, por intervención de Arturo Calderón, miembro del patronato, quien tiene parientes en Michoacán, Guillermo exclamó: “¡oh! ¡Ahora qué voy a hacer con esto!”. Surgió de su inspiración una melodía agradable, tranquila, tierna, que entonan los coros.
Aurora Cárdenas, directora del Conservatorio y de todo el proyecto de la ópera, ha escuchado la obra en muchas ocasiones, desde los primeros ensayos, hasta la obra completa; sin embargo, no deja de impresionarle, hasta las lágrimas, dos intervenciones de Miguel Hidalgo: una, la arenga cuando decide encabezar el movimiento libertario; la otra, cuando entra a la Alhóndiga: a Hidalgo le estremece todo lo sucedido, le conmueve la muerte de Filemón, el más joven de sus seguidores, y le hace reflexionar ante tanta barbarie; ahí canta: “Lágrimas por un Valente”. “Su mensaje es muy profundo, se me enchina la piel”, enfatiza con emoción la directora.
También es una muy buena intervención -agregó Cárdenas- la del personaje antagónico, Felipe Suasnábar, interpretado por el tenor Rubén Barrera (director del coro), acérrimo enemigo y detractor de Tresguerras. Él es quien cuestiona la legalidad del título de arquitecto y critica que le hayan encargado la construcción del templo del Carmen, “si ni arquitecto es”. Le organiza un juicio, que se llevó a cabo en Celaya, por ejercer la profesión sin título y por ser simpatizante de los alzados.
Cárdenas, Rébora, Diego y Cázares
“Platicaba con el director de la orquesta, Jesús Almanza –comenta Guillermo en un receso-, le decía en la mañana: “esto es de vanguardia, porque nadie está haciendo en México, lo que se está haciendo aquí”. Va a llamar la atención. Está bien hacer lo que hacen todos, interpretar las grandes óperas, como Carmen, La Traviata o Rigoleto, pero es mejor proponer y crear temas nuestros”.
A este comentario se sumó Gerardo Cázares, director de la SISMAC, y responsable de la logística de la ópera, quien destacó la riqueza cultural e histórica que tiene la ciudad, el estado y el país, que darían pie a una lista interminable de óperas, y muy buenas.
De acuerdo a la labor que desempeña, todavía este viernes y sábado iba a ser el intento de meter a escena un caballo para la entrada de Hidalgo a Celaya, “todo depende de cómo se comporte ante el ruido y la gente”, dijo. Lo que sí consiguieron fue una cama antigua de latón, muy llamativa.
Tal parece que el más enamorado del proyecto es Guillermo Diego. Él fue quien insistió que se retomara, cuando ya había quedado en el olvido por Gustavo Rébora, pues su ilusión era que se hubiese estrenado en el Bicentenario de la Independencia.
No obstante, Rébora no se queda atrás, pues tan pronto le comentaron que Guillermo Diego se había comunicado al Conservatorio para insistir en que se hiciera la ópera, dispuso todo, hasta de su casa y de sus recursos, para ponerse a trabajar con Guillermo por cerca de dos años.
Guillermo Diego se involucró en el proyecto por el director de la orquesta, Jesús Almanza, quien lo presentó  con la directora del Conservatorio y con Gustavo Rébora, precisamente para el proyecto del Bicentenario. Eloos se conocen desde hace tiempo.

LA PUESTA EN ESCENA
César Piña, director de escena, y equipo de trabajo.
El apoyo del Instituto Nacional de Bellas Artes, de donde procede el director de escena, el maestro César Piña, ha sido decisivo para la puesta en escena de la obra. A César Piña, guanajuatense, lo acompañan dos personas especialistas en su labor artística: Eleonara Valázquez, coordinadora de Producción, y Tehuitli López, de Traspunte.
Luego de realizar su proyecto inicial y tratar de seguirlo “al pie de la letra”, en cada escena hacen apuntes y correcciones, ubican a los artistas en su sitio y hacen cambios sobre la marcha, las ambientaciones, las luces, todo bien cuidado.
Para la inauguración del templo del Carmen, por ejemplo, era una escena muy sobria, se requería de mayor solemnidad. César Piña introdujo la presencia de un obispo, sacerdotes y acólitos. Se consiguieron a los personajes, el padre Montes llevó al obispo y los utensilios, y se ajustó la ceremonia al esplendor de una gran fiesta religiosa. Gustavo Rébora vio la ocasión de rescatar la presencia de los principales hacendados de la región, que había dejado en tintero, y ahí los metió al frente, como los invitados principales.
Jesús Almanza, director de la Orquesta Sinfónica Juvenil
"Silvestre Revueltas" del Conservatorio de Música y
Artes de Celaya.
Dirigir 250 actores, no es nada sencillo. La mayoría son jóvenes inquietos, con ganas de destacar y hacer mejor su papel, pero las jornadas de ensayos son agotadoras; los jóvenes se distraen, no entran a tiempo y ahí está el director Jesús Almanza parando la orquesta, haciendo observaciones y repitiendo la escena hasta que se ajusta a la perfección. En el fusilamiento de Hidalgo, primero cayó el muerto y después se escuchó la descarga del pelotón… y al mismo tiempo la risa de los presentes por tal jocosa escena. Menos mal que fue en el ensayo.
De los 250 artistas que participan en la ópera, sólo dos son invitados, el tenor Fabián Rodríguez, y el barítono Jorge Rubalcaba, ellos vienen de la Escuela Superior de Música de México. Además, se cuenta con la intervención del Ballet Folclórico del Instituto Tecnológico de Celaya, de reconocido prestigio en el país, que interpretarán un baile de la colonia y la danza de “Los Concheros” en dos ocasiones, la primera en una celebración típica de aquella época: las fiestas de la Santa Cruz en San José de Los Amoles (Cortazar); y la segunda, en la procesión de la Patrona de Celaya, donde participa Don Nacho, papá de Albino García, encontrándose con Tresguerras, a quien había prometido participar en la danza, si él juntaba los restos de su hijo para darles cristina sepultura. Los dos cumplieron.

UNA OBRA PARA LA JUVENTUD
Orquesta y coros del Conservatorio de Música y Artes de Celaya en
el Festival Internacional Cervantino.
El Conservatorio de Música y Artes de Celaya es una obra de esfuerzos y sacrificios por los jóvenes: un sueño del padre Alejandro Montes y del primer obispo de Celaya, Don Victorino Alvarez Tena, quien lo apoyó para salir a diversas partes a tomar cursos de música, con la mira puesta en crear una escuela de música para jóvenes. El padre Montes estudió música desde los seis años, es su pasión.
A la muerte de Don Victorino, el proyecto de la escuela de música empezó a tener resistencias y detractores. Se quedó como en el olvido unos años, pero a fines de los ochenta del siglo pasado, decidió impulsarlo nuevamente.
La filosofía del proyecto, para que tuviera éxito y permanencia, fue siempre incluir a la sociedad y al gobierno, comentó el padre Montes al presenciar uno de los ensayos, donde todos los participantes le reconocen su trabajo y los jóvenes mantienen una relación muy estrecha con él. “Los jóvenes lo quieren mucho”, acentúa Gustavo Rébora.
En plática ocasional de hace dos o tres años, cuando el padre Montes recibió el Reconocimiento al Mérito Ciudadano, el doctor Salvador Guerra Jiménez, presidente del Seminario de Cultura en Celaya, y uno los invitados cuando esto iniciaba, recordaba que el padre había tenido muchos problemas para iniciar el Conservatorio. En una de esas reuniones, un personaje reconocido en la ciudad se acercó a él y le dijo: “No le hagan caso, este padre está loco”. En ese tiempo no hubo ningún comentario, sólo años después se conoció este hecho como algo anecdótico. Hoy está reconfirmado, así pasó.
Contra desarmonías y notas a contratiempos, el Conservatorio de Música y Artes de Celaya inició sus actividades en 1991, con el propósito de dar oportunidad a los jóvenes de formarse como músicos profesionales. Siempre con objetivos muy elevados para ir creciendo cada día más alto; para ello se escogió a una plantilla de maestros de amplio reconocimiento nacional e internacional.
A 20 años de distancia, con los logros y reconocimientos alcanzados, con músicos que han ganado competencias internacionales, el Conservatorio es uno de los más importantes del país. Está cimentado en las dos partes de su filosofía: apertura a la sociedad y al gobierno.
La sociedad participa a través del patronato, que hoy preside Don Ernesto Usabiaga Reynoso, y el gobierno, a través de las autoridades municipales, estatales y federales, principalmente del INBA y de los legisladores, quienes han gestionado y canalizado recursos para obras, equipamiento y becas para los estudiantes.
Los alumnos participan en conciertos, a través de varios grupos de cámara, ensambles y la Orquesta Sinfónica Juvenil “Silvestre Revueltas”. Los coros son invitados frecuentemente por orquestas sinfónicas del país.
El Conservatorio, hoy cuenta con un Bachillerato Musical, siete Licenciaturas, un Diplomado y Educación Infantil; tiene reconocimiento y validez oficial de la Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG).

Por todo ello, no existe mejor institución que el Conservatorio de Música y Artes de Celaya para interpretar la primera obra operística compuesta y producida en Guanajuato, en honor de un gran guanajuatense.

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