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lunes, 23 de junio de 2014

Santoyo, un cambio en la Cruz Roja

Aumentaron a 19 el número de ambulancias en la Cruz Roja.

*Los ciclos terminan: “el mío en la Cruz Roja está por concluir”

*Una institución de mucho futuro y de mucha actividad, resalta
*Hay otras formas de ayudar y de hacer algo por Celaya, enfatiza

A. Pérez

Lic. Juan Humberto Santoyo Valenzuela.
Juan Humberto Santoyo Valenzuela está por concluir su segundo período al frente del Patronato de la Cruz Roja Mexicana, delegación Celaya. Su deseo y entusiasmo de servir a los celayenses a través de esta institución, de fines y propósitos humanitarios, se trasluce en su rostro, en sus palabras y en las actividades que realiza.
Santoyo cree en los ciclos de la vida. Asume con responsabilidad que su ciclo al frente del Patronato de la Cruz Roja ya concluyó. Ha comentado con los miembros del patronato, o con algunos de ellos, que él quiere seguir colaborando, pero desde otra comisión que le permita, de momento, dedicarle más tiempo a su despacho de abogado y a su familia, su esposa y sus dos hijas: Carmelita, Georgina y Estefanía, respectivamente.
Sin presunción personal, pero sí franco y asumiendo sus carencias y errores, reconoce el trabajo realizado junto con el Patronato de la Cruz Roja y miembros de la sociedad, dignificando las instalaciones y creando nuevas áreas de servicios para las personas de escasos recursos, así como en la reestructuración de la administración y del cuerpo de socorristas, de los equipos especializados en urgencias médicas, en rescate y capacitación.
La recepción de la Cruz Roja, delegación Celaya.
En los dos períodos al frente de la institución, la Cruz Roja ha logrado apoyos económicos de la presidencia municipal, tanto de la administración de Rubí Laura López Silva, como de la actual, que preside Ismael Pérez Ordaz, así como de empresarios, muchos de ellos anónimos, de instituciones educativas y de la población en general a través de las colectas anuales.
Comprometido con todos los benefactores y con el patronato, por un incremento salarial que se otorgó al personal de nómina, en este período han incrementado los ingresos propios, a través de cursos y talleres de capacitación que imparten a empresas de la localidad y de la región, así como por los servicios médicos que otorgan a la población más necesitada, a quienes se cobra únicamente una cuota de recuperación; además de los exámenes médicos para las licencias, los cuales se expiden en las instalaciones de Constituyentes y en el centro comercial Soriana.
Hoy, cuentan con nueve ambulancias en buen estado y debidamente equipadas, pero aún son insuficientes por el crecimiento de la ciudad; se requieren más unidades y una nueva subdelegación al norte o al noreste de la ciudad, donde el crecimiento rebasa todos los servicios de seguridad. Esa parte es un polvorín. Esta obra ya no podrá realizarla él. Ya no le alcanza el tiempo, pero quien siga tendrá que darle prioridad.
Se dignificaron las áreas de la Cruz Roja, entre ellas la de radiooperadores.
Otro proyecto para el sucesor es la construcción de una sala ambulatoria para la atención de partos, a donde puedan acudir personas de escasos recursos. La Cruz Roja tiene un predio a un lado de sus actuales instalaciones, en Constituyentes. El predio no tiene salida a esta avenida, pero si el municipio apoya para una permuta, podría llegarse a un acuerdo con el dueño, por lo menos para contar con un acceso amplio.
Además de las obras materiales, que pudieran ser la parte del brillo de una administración, Juan Humberto Santoyo Valenzuela cree y vive el espíritu humanitario de la Cruz Roja. No sólo viste con orgullo las prendas e insignias de la institución; cuida con entereza la vivencia y la práctica de los principios del movimiento: Humanidad, Imparcialidad, Neutralidad, Independencia, Voluntariado, Unidad y Universalidad.
Reconoce que la Cruz Roja, pese a su labor, tiene sus detractores. En ocasiones por fallas humanas, por desconocimiento de su operación o por la falta de recursos: cada servicio cuesta entre 400 y 500 pesos, y el 60 por ciento de las llamadas son falsas alarmas; sin embargo, el gasto se hace. Hay servicios de ambulancias que se cobran, como los traslados de enfermos, pero no lo entienden todos, surgen molestias  y reclamos. Lo que no se cobra, por ningún motivo, son las emergencias, es la función primordial de la institución, además de apoyar a la población en casos de desastres. El gasto mensual de la institución asciende a unos 350 mil pesos. La pura colecta anual, el boteo, dejó este año sólo 319 mil pesos; el resto se obtiene de aportaciones de empresarios y de las autoridades municipales.
La actividad de la Cruz Roja, no se limita a emergencias, traslados y capacitación, tiene diversos programas humanitarios, no explorados del todo o que son menos conocidos, como el de enlace con los migrantes y sus familias cuando éstos se extravían o sufren algún percance en el camino. De hecho, este servicio ya se presta en Celaya, aquí se atiende a los migrantes, se les pone en contacto con sus familias y se les canaliza a diversas instituciones. Hay mucho que hacer en la Cruz Roja.

CAMBIO DE CICLO
Juan Humberto Santoyo Valenzuela en su despacho de abogado.
Sentado tras su escritorio en su despacho de abogado; vestido con esmero, pero sencillez, platica con interés de su profesión. Le sube el tono rojo de su cara al confesar que cuando puso su primer despacho quería sentirse importante y le puso: Despacho de Abogados “Santoyo y Valenzuela”, hoy simplemente es el Lic. Juan Humberto Santoyo Valenzuela.
Aunque no dejó de hablar de la Cruz Roja y de hacer alusiones a ella cuando la conversación había tomado el giro personal, profesional y familiar, sí dejó a un lado ese tema para narrar que al terminar la preparatoria, su padre le dijo: “Ahora sí, hasta aquí llegué; si quieres seguir estudiando cuentas con mi bendición, pero yo, económicamente, no puedo”.
Fue así como se fue a estudiar a la Universidad Autónoma de México, sólo con la bendición de su papá. El primer día del curso salió de madrugada de Celaya y llegó directo a clases con su maleta de ropa; al final, ya tarde, se encontró en ese espacio inmenso, que es la Ciudad Universitaria, sin tener donde pasar la noche. Estaba sentado en una banca, viendo con miedo cómo anochecía, pero resignado a quedarse ahí hasta el día siguiente, cuando se apareció un conocido de Apaseo el Grande, José Leandro Arellano Reséndiz, quien, luego de conocer su situación, se lo llevó al departamento que rentaba. Estuvo unos días hasta que encontró un trabajo y lugar donde vivir. De ahí en adelante le ha estado siempre agradecido. Ahora, ese amigo, es el embajador de México en Venezuela. “Por cierto –comenta-, lo busqué por teléfono hace unos días. Estaba ocupado: pensé que ya no se iba a acordar de mí, pero me pidieron el número de teléfono para que se reportara. Se reportó después y me dijo: ¡cuñado!... Sí se acordó de mí, porque así nos decíamos”.
Santoyo acepta que en la vida siempre se cometen errores, pero ha tenido la suerte de salir adelante, gracias a la ayuda de amigos como Leandro.
Jesús Humberto nació en Dolores Hidalgo y a los ocho años llegó a Celaya, siempre a estudiar y a trabajar. Siendo ya profesionistas, en un tiempo se dedicó a traer artistas, entre ellos a José José, con quien llevó buena relación y hasta unos whisky’s de echó con él.
Hoy, tiene su despacho en un lugar bien ubicado de la ciudad. Su especialidad son los asuntos civiles, más los divorcios, dice en broma.
Ya entrados en franqueza, aunque no sin dejar de sonrojarse, nos mostró -como dijo López Portillo: “el orgullo de su nepotismo”-, un video de su hija Estefanía dando el mensaje de graduación de la generación 2012, de la Universidad de Celaya. Le salió lo político. Su otra hija es Georgina; su esposa, Carmelita. Una familia completa, que valora, y reconoce que sólo le han dado satisfacciones. Ante ellas, siente que no ha respondido como debiera.
Su preocupación es uno de los ocho hermanos, quien perdió la vista, pero le anima y admira la filosofía con la que ha tomado la vida. Él es Luis Antonio, muy conocido por muchos como “El Pepsicolo”. Trabajó en ese empresa, por eso le dicen así. Perdió la vista ya grande, entró a estudiar en la escuela de invidentes y ahora se mueve con gran facilidad por la ciudad. Se murió su esposa de cáncer. Se volvió a casar y está feliz.

LA POLITICA NO HA SIDO SU FUERTE
La capacitación es uno de los rubros que se fortaleció en este período.
Como en toda conversación, si no se habla de política, aunque sea de refilón, no está completa la plática. Santoyo dice que la política, aunque siempre le ha llamado la atención, no es su fuerte, pero tampoco le rehúye.
Es militante del partido Revolucionario Institucional (PRI) desde su juventud. No siempre ha estado cerca de su partido, pero cuando lo invitan, va. Es o era consejero municipal –“es o era”, dice-, porque con los cambios ya no se sabe. Desde que estudiaba en la UNAM trabajó en la delegación de Ixtapalapa, ahí hizo contacto con militantes de ese partido. Como siempre le ha gustado el deporte, en la administración municipal de Leopoldo Almanza Mosqueda, éste le encargó la Unidad Deportiva, con un presupuesto muy limitado, porque así eran en ese tiempo, pero con el apoyo de algunos ciudadanos lograron mejorarla.
Él dice que no ha tenido suerte, por eso mejor se dedica a su despacho. “O tal vez no me he acercado con las personas adecuadas o de la forma adecuada. Pero definitivamente para eso se requiere dinero”. Le gusta la claridad, la transparencia de su vida y de sus obras; no es de trato rebuscado, muy respetuoso, amable, pero no adulador, aunque sí muy agradecido.
Admite que su partido, hoy tendrá mayores oportunidades de volver a ganar una elección y eso llama la atención. Habrá muchos que van a buscar contender por algún cargo, lo que hará más reñida la competencia interna, pero no descarta que llegado el momento pueda buscar hacer algo, si hay oportunidad. Lo importante es trabajar mucho por Celaya, donde haya oportunidad, como la Cruz Roja en este momento. Después ya veremos, porque tampoco le desagrada la idea de buscar alguna candidatura.

Por lo pronto, una vez que entregue la Cruz Roja, regresará a su despacho.

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